miércoles, 19 de noviembre de 2014

Arnold, P.J. (1989). Educación Física, movimiento y currículum. Madrid: Morata (Caps. 1 y 2)

A modo de introducción cabe destacar el verdadero propósito del artículo, que consiste en analizar la relación entre el concepto de educación y el movimiento para discernir las consecuencias que ello tiene para el profesor y para la planificación del currículum y su evaluación. En base a éste propósito, Peters (1966) distingue distintos criterios implícitos en la educación:

  • Supone la transmisión de algo que resulta valioso
  • Debe suponer un conocimiento y una comprensión
  •  Descarta procedimientos que carezcan de intencionalidad y voluntariedad por parte del que aprende.
Así pues, sirviéndonos como ejemplo de la educación actual, se muestra una visión intelectualista de la educación centrada en el desarrollo cognitivo y de cómo éste afectará a la calidad de vida, considerándose como apropiados los procedimientos moralmente aceptables.
Con el objeto, de poder continuar se presenta necesario saber qué posición se adopta respecto a la educación y cómo se relaciona con ella la cuestión de los valores, propósitos y objetivos. De modo que, podemos entender la educación en dos sentidos diferentes. Por un lado, la exposición descriptiva se centra en como son las cosas, sin necesidad de formular juicios de valor y, por otro lado, la evaluativa, en la cual se centra el estudio, y que trata de explicar cómo deberían ser las cosas, emitiendo juicios de valor. Por lo tanto, afirmamos que existe un interés implícito por aquello que resulta valioso. Es decir, los conceptos educativos almacenan valores y nos ilustran acerca de lo que es valioso y de lo que debería hacerse en las escuelas. Es por esto, por lo que, en educación, tanto las actividades como los procedimientos deben poseer un valor intrínseco y han de realizarse por sí mismas más que por una razón externa a ellas. Son igualmente fines y medios de la educación y que, por tanto, no deben ser considerados de una manera instrumental.
Siguiendo esta línea, cabe diferenciar también los objetivos de los propósitos. Los primeros son más inmediatos, accesibles  y se interesan por hacer prácticos los propósitos. Deberán ser realistas y efectuarse progresivamente con el fin de alcanzar un aprendizaje eficaz. Así pues, deben elegirse objetivos válidos y precisos, relacionándolos con las actividades para que sean compresibles con el fin de abordar de una manera más clara la contribución del movimiento a la educación.
Es así, como resurge la educación donde los valores que constituyen la esencia del análisis de esta son los de conocimiento y moralidad. La educación se interesa por la transmisión de lo que es valioso y cómo debe enseñarse, de manera que resulte moralmente aceptable, tal y como decíamos anteriormente sobre la visión intelectualista de Peters. Es decir, constituye una iniciación en tareas de tipo académico y físico valiosas en sí mismas y de una manera moralmente defendible dejando a un lado valores instrumentales que no estén relacionados con la educación.
Esta es la concepción actual de la iniciación a la educación, basada en un conocimiento predominantemente teórico y racional, donde el desarrollo cognitivo es el principio y final del aprendizaje dado que las estructuras educativas que lo rodean, como los objetivos, se forman en función del conocimiento. Aunque al parecer, se trata de una forma limitada y empobrecida de la educación ya que se centra únicamente en el desarrollo mental dejando de lado lo práctico, se consideran formas de conocimientos meramente intelectuales y no se desarrolla el “conjunto de la persona” descuidando aspectos imprescindibles para la vida como los emocionales. Es así como el autor se acerca al estudio del conocimiento práctico y del saber cómo, es decir, aboga por una forma de competencia activa que se interesa por la ejecución de propósitos en acción, efectuados de una manera racional. Cuando una persona “sabe cómo hacer” ciertas cosas específicas, su conocimiento se halla actualizado y puesto en práctica en lo que hace. Su inteligencia se manifiesta en sus hechos, destrezas y realizaciones.
Ahora bien, relacionando lo práctico con la actividad física debemos hace una distinción conceptual de el “saber cómo”. Por un lado, en el sentido débil, se refiere a una persona que realiza algo intencionalmente pero que no es capaz de explicar como lo ha realizado. Por otro lado, en el sentido fuerte, la persona no sólo es intencionalmente capaz de ejecutar con éxito unas acciones sino que puede identificarlas y describir cómo se realizaron. Es decir, exige una comprensión de unas reglas y una descripción del modo en el que se hace adquiriendo asín un razonamiento práctico. Un ejemple serán las destrezas motrices, en las cuales el ejecutante sabe que es lo que está haciendo mientras lo ejecuta y adaptándose a unas circunstancias cambiantes. De modo que, las destrezas separadamente adquiridas sólo serán útiles si contribuyen al desarrollo y la promoción de procedimientos tácticos y de estrategias dinámicas. Sintetizando el conocimiento básico en el contexto deportivo afirmaríamos que sus máximas se refieren a:
·         Lo que es activo
·         Entender y seguir unos procedimientos con reglas
·         Realizar una acción crítica inteligente, es decir, pensar mientras se ejecuta
·         Alcanzar niveles mínimos de competencia, es decir, actuar en una determinada actividad con éxito y comprensión.

Con todo, podemos hacer una última observación una vez asumidos los conocimientos del artículo. En primer lugar, la educación se basa en la adquisición de conocimientos y el desarrollo de la racionalidad. El fin de la racionalidad teórica es la verdad universal, el de la práctica es la acción apropiada. Por tanto, entendemos que una “educación liberal” debe abogar por la utilización de éstas en su conjunto. En segundo lugar, tanto las actividades físicas como las artísticas forman una parte imprescindible de la educación, sin estar una por encima de la otra. En tercer lugar, las destrezas constituyen un importante medio educativo para el desarrollo de la persona, dado que favorece la expansión y enriquecimiento de la conciencia. Es decir, en la educación deben estar incluidos los contenidos prácticos como el deporte y la danza que constituyen una parte significativa y valorada de la cultura, además de los contenidos  puramente teóricos.

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