Con la
llegada de la Ilustración la educación física comenzó un proceso de
profesionalización en el cual se fueron formando las estructuras que, a día de
hoy, constituyen gran parte del ámbito educativo en el contexto de la actividad
física. Se trataba de una época donde los contenidos de la educación física se
referían únicamente a las prácticas físicas, donde las justificaciones de los
valores educativos de los contenidos estaban enfocadas al servicio social. Es
decir, a los contenidos se les ha atribuido un valor educativo que giraba
alrededor de “la educación de lo físico” en función de intereses sociales,
políticos, militares… y no con la intencionalidad de atribuirle un valor
educativo en sí mismo. No es hasta finales del siglo XIX, cuando empiezan a
aparecer profesores que justifican los contenidos más allá de lo corporal. Es
así como surge el interés pedagógico, que a la postre, es una pieza fundamental
en la educación, y que es el encargado de preocuparse por las relaciones
personales, las conductas grupales, los comportamientos emocionales y los
aprendizajes mentales. Unido a éste nuevo concepto de “educación a través de lo
físico” llegó la modernización de la educación física a finales del siglo XX,
aún con tendencias utilitaristas, pero con una nueva idea de que lo educativo
es intrínsecamente valioso porque promueve el conocimiento y la comprensión.
Con ésta idea se obtuvo un sentido alejado de lo que es la conceptualización
anterior de la educación física. De esta manera, Arnold (1991) nos ilustra
acerca de una nueva forma de educación basada en el valor intrínseco del
conocimiento teórico y práctico, y que ayuda a superar las contradicciones que
rodean el término de educación física.
1. La educación sobre el movimiento: Se interesa
por el desarrollo de un conocimiento de base disciplinaria y una
comprensión de las actividades físicas porque se las considera en sí mismas de
interés y valor.
2. La educación a través del movimiento: Se interesa por el empleo instrumental, es
decir, aquel que encontramos desde la Ilustración.
3. La educación en movimiento: Se interesa por la iniciación de los alumnos en una
familia culturalmente valorada de tareas físicas. Es decir, se interesa por el “saber
cómo”.
Sin embargo,
cabe destacar que, los valores educativos no son inherentes a la educación
física como defendía Arnold en la educación en
movimiento, sino que se encuentran en la valoración que le demos a esos
contenidos que estamos transmitiendo. Es por esto, que el deporte en sí no
tenga la capacidad de transmitir esos valores y sí que los tenga las relaciones
interpersonales del contexto social pues que se produce una interacción
inevitable. Los juegos serían un claro ejemplo de la argumentación puesto que
pueden haber momentos en los que los valores que se desprendan no sean
deseables, obteniendo resultados negativos. Por tanto, las condiciones en las
que se ponen en práctica los contenidos de la educación física deben realizarse
en condiciones moralmente aceptables y con el objetivo de cumplir las misiones
de la profesión para evitar cualquier perjuicio en el proceso enseñanza-aprendizaje.
Sino ocurriese de ésta forma, los contenidos dejarán de ser educativos.
Con lo cual,
remarcamos que los contenidos nunca se producen en el vacío sociocultural y
ausente de interacciones sociales puesto que son prácticas sociales que
implican que se asignen y desarrollen valores educativos,
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