sábado, 15 de noviembre de 2014

Qué es educar?

   
Para poder introducirnos en un ámbito tan trascendente y ambiguo como es el educativo, primero me gustaría hacer uso de las definiciones de Educación:
  1.    Formación destinada a desarrollar la capacidad intelectual, moral y afectiva de las personas de acuerdo con la cultura y las normas de convivencia de la sociedad a la que pertenecen.
  2.    Transmisión de conocimientos a una persona para que esta adquiera una determinada formación.


     Como podemos observar, en las dos definiciones se utiliza el término formación como objetivo principal, pero no hablan de que tipo. En términos generales entendemos la formación como la adquisición de habilidades y conocimientos con fines laborales, encajando así en la sociedad y, por ende, convertirse en personas realizadas y felices. Esta sería, en teoría, la respuesta más adecuada según los conceptos de Educación y formación a la pregunta que nos hacemos desde el principio ¿Qué es educar? Se trata de un tema caracterizado por su ambigüedad conceptual como de sus propósitos. Por tanto, es en realidad, la formación de la que hablamos, el verdadero instrumento hacia la consecución de una persona completa? En mi opinión, una educación condicionada por unos fines determinados democráticamente y orientados a aspectos más allá de los científicos no está destinada al fracaso, siempre que los medios sean verdaderamente “útiles”. A lo largo del ensayo iré explicando lo que entiendo por “útiles”.
     Profundizando más en este tema, reconocemos que la Educación no es solo un proceso individual, es decir, somos seres sociales y como tal, necesitamos aprender a ser personas con otros. “La educación no crea al hombre, le ayuda a crearse a sí mismo” (M. Debesse)*. De la misma manera, no hay un único método válido de enseñanza porque tampoco existe una sola forma de sociedad. Con lo cual, en el largo camino hacia la realización  de uno mismo como persona intervienen diferentes elementos educativos que serán los encargados de poner a su disposición valores como la participación, el respeto, la promoción de la autonomía y ofrecerles la capacidad de diálogo y reflexión. Así pues, la madurez ética, cívica y moral no se alcanza espontáneamente con la mayoría de edad. Se trata de una conquista, en la que participa y son corresponsables todos los agentes educativos. Es aquí donde aparece el papel del educador. El profesor adquiere así un rol esencial en el desarrollo de las capacidades de un niño, comparándose con la figura materna y paterna debido al largo periodo que se pasa en la escuela, a veces, más que en casa. Con todo, podemos abarcar este apartado con las palabras del Premio Nacional en Ciencia en 1994, Humberto Maturana: “La educación es un espacio para que el niño se transforme en un ciudadano ético”. Claro, ahora parece imprescindible que, para el correcto desarrollo y realización de los niños en el futuro, la formación de los profesores debe ser la idónea. Por tanto, es inevitable cuestionarse ¿Qué es lo que deben hacer los profesores? ¿Cómo deben cumplir su cometido, solamente mediante la transmisión de conocimientos y habilidades básicas? Es decir, los profesores únicamente tienen que poner en las manos del niño los conocimientos necesarios para que él mismo los utilice a su antojo y recoja de manera selectiva aquellos conocimientos que necesita y rechace los que no, y en última instancia, el profesor deberá evaluar si esos conocimientos transmitidos están bien aprendidos por el alumnado. Pues no, en realidad el objetivo de un buen educador es el de inspirar en el alumno el deseo de aprender. Siguiendo esta idea se muestra necesario hacer referencia a Savater*, que concibe la educación como un movimiento humanizador basado en el mutuo aprendizaje. Por tanto, los profesores no solo deben poseer conocimientos sino también un saber pedagógico que entregar a los niños. Es por eso que saber no es lo mismo que educar. ¡Cuántas veces nos hemos encontrado profesores con grandes conocimientos que, además de no saber transmitirlos a sus alumnos tampoco han despertado el deseo de aprender que seguramente tienen!
     Como ya hemos dicho, la Educación no es un proceso individual, por lo tanto, el binomio educador-educando será exitoso cuando el educador consiga adaptarse a las necesidades del individuo, inspirándole el deseo de aprender y consiguiendo que deje de ser una parte pasiva del aprendizaje, es decir, es necesario que alumno se sienta involucrado en el aprendizaje y no un peón más en el proceso. Apoyándome en personajes como Paulo Freire, uno de los pedagogos más influyentes de la educación del siglo XX y continuando con mi reflexión sobre lo que es el concepto de la Educación se extrae de sus ideas que el conocimiento no se transmite, se “está construyendo”. Es decir, el acto educativo no consiste en una transferencia de conocimientos, es el goce de la construcción de un mundo común. Para ello, Paulo utiliza el término de “Educación problematizadora” que aboga por un sistema bidireccional de la educación, basado en la comunicación y el diálogo entre educadores y educandos, con el fin de inhibir la pasividad. Un aspecto a destacar sobre la aportación de Freire a la concepción de la Educación es su preocupación por el aprendizaje de la palabra, que considera medio indispensable para la expresión de las ideas propias de cada uno: “ El aprendizaje y profundización de la propia palabra, la palabra de aquellos que no les es permitido expresarse, la palabra de los oprimidos que sólo a través de ella pueden liberarse y enfrentar críticamente el proceso dialéctico de sus historización (ser persona en la historia)” y que con ello trata de ilustrarnos acerca de valores morales y derechos inherentes al ser humano. Es así como el proceso de alfabetización  se erige como la conquista que hace el hombre de su palabra, lo que conlleva la conciencia del derecho de decir la palabra. Como resultado el sujeto paulatinamente aprende a ser autor, testigo de su propia historia, entonces es capaz de escribir su propia vida, consciente de su propia existencia y de que es protagonista de la historia.
Pero estamos hablando de la Educación anhelada por los que de verdad se preocupan por el desarrollo integral y el futuro de los niños, la cual, no poseemos. En nuestro caso, el real, la enseñanza está determinada por un proceso metódico, casi mecánico, que acerca a los niños a comportamientos y pensamientos poco divergentes respecta a ideales impuestos y concebidos como los adecuados pese a que no sea así, mermando sus capacidades creativas, innovadoras, reflexivas y críticas. Así como también se ven sometidos a análisis, mediante un sistema de puntuación para determinar si los conocimientos transferidos fueron aprendidos correctamente. Una vez comparadas la Educación anhelada con la real se abre un vendaval de preguntas acerca de los actuales métodos de aprendizaje: ¿ Por que solo se evalúan las áreas de conocimiento “medibles”, es decir, donde solo hay una respuesta posible? ¿ Por que no se plantean dilemas éticos donde los educandos aprendan a desarrollar su capacidad crítica y reflexiva y a discernir su propia respuesta a través de los conocimientos que ha obtenido? Porque aunque dos niños se les brinde los mismos conocimientos científicos no tienen por qué pensar de la misma manera ni obtener los mismos resultados en los exámenes. Pongamos un ejemplo, en una clase se imparten unas determinadas asignaturas durante todo el año, se evalúan los resultados que se obtienen a través de un sistema de puntuación y se les pone la nota correspondiente a cada alumno. Entonces, como ya se comentó en la película “La escuela prohibida” que vimos en clase, un número determina la calidad de una persona? Al parecer, si la respuesta es que sí, se deja en evidencia las numerosas deficiencias en la estructura del sistema actual.

     Finalmente, pienso que la mejor forma para hacer llegar al lector lo que trato de decir es mediante una cita. A lo largo del ensayo he ido introduciendo diferentes citas que se adaptaban al tema en concreto del que estaba hablando, pero es la siguiente cita la que resume mi idea sobre la Educación: “Dime y lo olvido, enséñame y lo recuerdo, involúcrame y lo aprendo”. Ésta cita pertenece a Benjamin Franklin, uno de los padres fundadores de los Estados Unidos, científico, político e inventor. Ni la escasa formación básica que obtuvo, ni los problemas familiares que arrastraba desde que era un niño consiguieron mermar sus capacidades creativas e innovadoras. Con esto quiero decir, que nacemos con una esencia inventiva, la cual no debe ser destruida por ningún sistema, y menos el educativo. Es decir, el reto de la Educación consiste en inhibir la pasividad del alumnado, objeto de un aprendizaje que parece ajeno a él. Se debe tratar de inspirar ese deseo de aprendizaje mediante el diálogo y la reflexión, haciéndoles sentir que son capaces de escribir su propia vida y que son protagonistas de la historia alcanzando así la madurez ética, cívica y moral. La cual es la que de verdad va a necesitar en un futuro para enfrentarse a los acontecimientos de la vida.

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